Friday, May 05, 2006

Libertad

Hoy tuve que ir al TEC a presentar un examen de matemáticas. Jaja, remediales. Fue horrible.

Entré al salón y todas las luces estaban apagadas. Bueno, sólo una estaba prendida: la luz que estaba encima del escritorio de la maestra. Pude ver a la mujer sentada frente a éste y cuando me vio entrar soltó una carcajada malvada. A lo lejos escuché un trueno y el aullido de un lobo.
Pude observar bajo la tenue luz que alumbraba a todo el salón que la mayoría de mis compañeros de clase ya se hallaban prisioneros en sus jaulas. Faltaban algunos cuantos que pronto caerían en la trampa de la malvada mujer que nos quería torturar para que le dijéramos lo que sabíamos.
Afortunadamente, yo sabía de antemano que me enfrentaría a tal tortura e iba convenientemente preparado. Resistí durante dos horas, en el transcurso de las cuales intenté engañar a la tipa, sin llegar a resultado alguno. Bueno, no logré engañarla, pero conseguí no revelar la información que poseía.
Mientras pasaban estas dos horas, vi como mis compañeros de tortura eran liberados a medida que revelaban su información. De nada sirvieron mis súplicas y el alentarlos a resistir conmigo.
La torturadora, que es medio bruja, al término de este lapso de tiempo, empezó a echar espuma por la boca y a crecer desmesuradamente hasta que llegó a tocar el techo. Una cola larga y ancha empezó a salir por su lado posterior y sacó unas garras más filosas y duras que el hierro. Pronto tomó un tono de piel verduzco y la espuma que salía por su boca se convirtió en fuego y humo. La vieja maldita se había transformado en un dragón.
Yo observé con gran interés la metamorfosis de la señora, y pensé rápidamente en una solución antes de que me atacase. Decidí que su problema se debía al bochornoso calor al que estaba sometida y cuando terminó su mutación le dije en el tono más amable que pude que la invitaba a comer una paleta helada de limón. Las comisuras de su horrible hocico se curvaron en lo que pretendía ser una sonrisa de "al fin alguien me comprende" y la mujer dragón aceptó. Le dije que convendría que se transformara de nuevo en persona, para evitar asustar a los pobres estudiantes del TEC, que ya tenían suficiente con tener que estar estudiando para los finales. Esperé a que mutara de nuevo y cuando lo hizo, salimos de la sala de torturas. Respiré el aire fresco y me prometí no volver nunca a ese horrible lugar, ni voluntariamente ni en contra d emi voluntad. Antes de volver, preferiría el suicidio.
En fin, llevé a la de-nuevo-soy-una-maestra-normal-sin-nada-de-extraordinario a comprar una paleta helada. Dejé que ella pagara el importe, como castigo a las dos horas intensas de tortura a las que había sido sometido y antes de que ella pudiera decirme o hacerme algo más, huí del lugar.
En realidad creo que mi recompensa será buena después de haber resistido a semejante tortura. Pienso que ahora podré dormir en paz. Al menos, durante un buen tiempo.

Por ahora, seré libre como la lluvia.

5 comments:

José Angel said...

Al igual que otro fututo comunicólogo que conocemos, veo que tienes demasiado tiempo libre. Voy a enseñarle a tu maestra tu blog a ver si es cierto lo que dices.

Anonymous said...

Chivo...mmm....andas en drogas?
Si quieres que te ayude enserio pidemelo, no quisiera ver a un amigo mío perdido en drogas.

Saludos

José Angel said...

La historia esta chida, deberías estudiar Letras Españolas.

Anonymous said...

Para mi es raro que estudiando comunicaciones seas condenado a llevar clases de matemáticas, ¿qué no el objetivo de estudiar comunicaciones es evitar la matemáticas? ¿Acaso se quiere con este tipo de determinaciones ahuyentar a la gente de la carrera de comunicaciones? Porque no solo se conforman con incluir matemáticas en tu plan de estudios, sino que la materia es impartida por esa clase de maestras!

Anonymous said...

ahm,,, creo que el tipo que habla mal de la comunicación debe ir al carajo