Saturday, June 17, 2006

El regreso del Conejo y su fatídica y última muerte

Cuando volteé no había nadie atrás de mí. Sólo quedaba ahí un leve rastro de humo rojo que indicaba que no había sido un sueño y que realmente había visto a esa persona.

Entré a mi casa y serví limonada en mi vaso de pingüinos. Me senté a ver la televisión, pero no la prendí. Simplemente veía la televisión. No entiendo a la gente que tiene que prender la televisión para poder ver la televisión. También se puede verla apagada.

Comencé a quedarme dormido y soñé que cantaba. Cantaba, cantaba, cantaba, hasta que me quedaba sin voz... Casi como la sirenita, pero en mi sueño nadie encerraba mi voz en un caracol. Simplemente se iba y yo la observaba volar libre como la lluvia.

Desperté sobresaltado cuando oí que en la cocina alguien hacía ruidos. Pensé: "debe ser la sirvienta", y traté de volver a dormir. En eso recordé que no tengo una sirvienta y que las sirvientas no trabajan en domingo. Entonces saqué mi bote de gas lacrimógeno que guardaba debajo del sillón situado frente a la televisión y me dirigí hacia la cocina.

Pateé la puerta y ésta se abrió de par en par. Es absurdo decir que se abrió de par en par, porque yo creo que cuando una puerta se abre de par en par es porque dicha puerta tiene una parejapuerta que se abre al igual que ella, y en el caso de mi cocina, solamente hay una puerta. El caso es que se abrió de par en par sin su pareja y con un grito mortal salté dentro de la cocina.
No había nadie ahí y lo único que pude ver fue que todo estaba en orden. Creí que había soñado, por lo que cerré la puerta sin su pareja y le pedí perdón por la patada que le había dado. Ella prometió acusarme con las autoridades y con su pareja puerta por negligencia y que me demandaría por atacar con alevosía y ventaja.

Regresé a sentarme a mi sillón y guardé el gas lacrimógeno. Me dispuse a seguir viendo la televisión, cuando vi que a mi lado esta sentado el maldito conejo. Antes de saludarlo pensé: "Maldito conejo. Es un stalker".

Entonces lo saludé. "Hola conejo" le dije cortésmente mientras me quitaba un sombrero inexistente. "Hola" me dijo, sin dejar de ver la televisión apagada, "no tenía nada que hacer y vine a visitarte. Espero que no te moleste. Quieres ir de viaje?"

Eso era más de lo que mi estresada cabeza podía soportar y lo tomé de las orejas, saqué mi bote de gas lacrimógeno y rocié generosamente con el gas al conejo. Entonces el conejo me dio una patada ninja y me dijo "ya sé kung-fu". Peleamos durante una hora hasta que le hice una llave de jiu-jitsu brasileño y lo vencí.
El conejo lloró y suplicó por su vida, pero le recordé que ya estaba muerto y que no tenía caso que lo dejara vivir, pues si lo perdonaba, seguría molestandome. Él prometió hacerme una rica ensalada si lo dejaba vivir, pero fue inútil: yo no como ensalada.

Lo llevé al baño y lo metí de cabeza en el escusado. Me aseguré de que quedara bien atorado y jalé la palanca varias veces hasta que el conejo se fue. Después llamé a Agua y Drenaje y les informé que había echado un conejo al drenaje y que si lo veían, lo aplastaran, mataran o cualquier cosa con tal que no volviera a molestarme. Prometieron hacerlo así y colgué el teléfono.

A partir de ahí empecé a comer ensalada.

Hechos: de verdad tengo un delirio de persecución.
De verdad tengo un vaso de pingüinos.
Limonada no es lo único que tomo.
No vivo solo.
No veo la televisión apagada. La veo prendida.
La puerta de mi cocina es soltera. No tiene pareja. Nunca me demandaría; me quiere mucho.