Hace algunos días asesiné a un conejo. No quise hacerlo; él me obligó. Me había dicho que si tomaba su oreja derecha con mi mano derecha algo increíble pasaría. Así lo hice, pero no pasó nada. Enojado, estrellé al conejo en la pared. Obviamente murió.
Ayer en la mañana, mientras tomaba una limonada de piña bajo mi cama, vi que unos ojos rojos me observaban en la oscuridad. Me asomé por la ventana, y vi que el conejo que yo había matado movía su pata delantera derecha como diciéndome adiós y con su pata delantera izquierda me hacía una seña obscena.
Salí y le dije "oye conejo, tú estás muerto, no puedes estar aquí porque tú estás muerto y los fantasmas no existen". Se quedó mirándome durante tres largos segundos, pensativo, y me dijo "tienes absolutamente casi nada de toda la razón". Y desapareció. En donde estuvo parado dejó la cuchara con la que había estado comiendo sopa de fideos.
Regresé bajo mi cama a terminar mi limonada de piña y me di cuenta de que ya no tenía limonada de piña, así que bajé a la cocina a servirme más. Encontré la cocina hecha un asco; estaba toda sucia y había en la estufa una olla en la cual alguien había hecho una sopa de fideos muy rica. Me asomé a la olla para ver si quedaba sopa y ya no había. Me pregunté quien se la había terminado y estaba todavía más intrigado por quién la había hecho, puesto que vivo sólo y no había nadie más que yo y el conejo que estaba enterrado afuera.
En ese preciso momento, no antes, sino después, apareció de nuevo el conejo, llevando un plato de sopa vacío. Me imaginé que era él quien había hecho la sopa, y como tenía mucha hambre, le pedí que hiciera más para mí. Me miró durante 2 largos minutos antes de contestar "no, no puedo hacer sopa para ti, sólo para mí, porque tu me mataste y estoy muerto, y los fantasmas no exiten, así que estás condenado a morirte de hambre, jajajaja".
Intenté todo. Le rogué, lloré, pataleé, lo golpeé e incluso lo maté de nuevo, pero todo fue en vano. Intenté chantajearlo. "Si haces sopa para mí, te daré un chocolate en forma de conejito de Pascua", le dije. El conejo se quedó viéndome durante 3 largas horas y finalmente me dijo "ok", y se puso a hacer la sopa de fideos.
Cuando terminé de comer la sopa, le dije al conejo que ahora se pusiera a comer él, pues tengo una curiosa obsesión y me gusta fotografiar a la gente cuando está comiendo, para luego coleccionar esas fotografías en un sótano oscuro debajo de mi casa, en el que también guardo una botella de agua sólo para emergencias.
El conejo se puso a comer y yo le tomé muchas fotos compulsivamente, mientras tocaba el violín.
Cuando el conejo terminó de comer, le dije "te invito a vivir a mi casa, puedes dormir en el sótano con la botella de agua sólo para emergencias y con mi colección obsesiva de fotos". El conejo aceptó porque hacía dos días lo habían corrido de su casa porque se había muerto y porque no había pagado la renta y me lo agradeció llorando y asegurándome que me iba a cocinar sopa todos los días.
Ya que el conejo estaba instalado en el sótano con la botella de agua sólo para emergencias y mi colección obsesiva de fotos, le dije que iba a salir un rato y que no tardaba en volver; que él podía descansar y comerse el chocolate en forma de conejo de pascua que yo le había dado. Cuando salí de la casa, llevaba toda mi ropa y mis artículos personales de valor guardados en una maleta. Cerré la puerta con llave y puse en la entrada un letrero de "se vende". Decidí que el conejo se quedara ahí para siempre y que molestara a las personas que compraran la casa y yo me compré un departamento, en el cual vivo ahora.
El conejo se quedó totalmente sólo en mi casa, porque me llevé también la botella de agua sólo para emergencias y mi colección obsesiva de fotos.
Nunca volví a ver al conejo.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
3 comments:
Que bonito, q bonito es ver el reencuentro de dos seres que no se habían encontrado desde la última vez que se encontraron en aquel lugar en el que se habrían de encontrarse... lo mejor de todo es la sorpresa con la que se encuentran, como si no esperaran encontrarse, y me parece maravillosa la idea de dejar al conejo en el sótano, se lo tiene bien merecido, esperaremos con ansia el desenlace del siguiente encuentro, es decir, el nuevo reencuentro... bueno, yo me retiro y me dispongo a preparame una limonada de piña, hasta el próximo encuentro...
Me parece interesante como ese conejo malvado influye en tu vida, se nota a simple vista que solo quiere perjudicarte pero que es fácil de manipular con un chocolate en forma de conejo de pascua, se ve que eres más inteligente que él, al menos eso parece, pues por lo visto no es el fin del conejo y puede que siga asustando y merodeando por ahi en tu vida.. me marcho como dice mario por una limonada de piña..
Creeme que no entendí tu historia de puro sentido figurado, pero bueno...
Haber si luego me enseñas a preparar limonada de piña, porque sólo sé hacerla de limón.
Post a Comment